Tai Chi: el Arte de Fluir en equilibrio
El Tai Chi es un arte marcial originario de China que, al igual que el Qi Gong, constituyen el centro de las artes energéticas o artes internas. Se les llama así ya que se basan en el reconocimiento de la energía primordial (chi o qi) que impregna y anima el cuerpo físico, y de la cual depende su salud y armonía.
Esa energía además impregna todo lo que existe y es la base para experimentar una salud integral al estar fluyendo naturalmente en nosotros. No obstante, esta energía puede saturar algunas partes de nuestro cuerpo desequilibrándolo y produciendo enfermedad debido a residuos mentales y emocionales aflictivos. Es por ello de vital importancia el saber fluir con armonía a cualquier edad y es además una disciplina que nos invita a experimentar los beneficios de vivir confluyendo con elegancia: avanzar con fuerza sin tensión y estar con suavidad sin laxitud.
Origen
El origen de la práctica del Tai Chi se remonta a la figura de un sacerdote taoísta Chang San-Feng, que vivió en el siglo XIII, a finales de la dinastía Song. Concluyó sus estudios en el monasterio de Shaolín—fuente del Kung Fu de Shaolín, del Qi gong y del Ch’an (Zen)—y Chang San-feng continuó la práctica de las artes marciales y su cultivo espiritual en el templo de la cumbre púrpura del monte Wudang.
Un día, fue testigo de la pelea entre una serpiente y una grulla, lo que lo llevó a modificar el kung fu de Shaolín, relativamente duro, y a desarrollar un estilo más suave conocido como los treinta y dos patrones del puño largo de Wudang, que más adelante se convirtió en el Tai Chi Chuan.
Es por ello, que ‘Tai Chi’ puede definirse como ‘Supremo Insuperable’ o ‘Kosmos’ y, seguido de la palabra ‘Chuan’ (puño) es el “Puño del Supremo Insuperable” o “Lucha Cósmica”. Esto es, el reconocer a través de la práctica de una vida elegante (aquella sin resistencias, miedos o expectativas) nuestra capacidad de expresarnos como guerrero(a)s espirituales. Es estar listos para interactuar con aquello inesperado desde una mente en calma, ecuánime, clara y estable; es decir, desde una mente valiente. Y la mente más valiente es aquella que ante la adversidad del dolor o de la pérdida, decide confiar tanto en su capacidad individual para ir más allá del sufrimiento, como en esa base de espiritualidad no-dual, que trasciende toda noción materialista la cual es nuestra verdadera naturaleza.
Filosofía
La filosofía del Tai Chi Chuan no surgió de los guerreros que se proponían matar, sino de maestros taoístas cuyo objetivo consistía en prolongar la vida y alcanzar la inmortalidad. Y esto se logra al reconocer que la vida es eterna y que la inmortalidad es el reconocer nuestra verdadera naturaleza de no-nacimiento y no-muerte. Si bien esta noción puede parecer complicada o ajena a nuestra vida, en realidad se va interiorizando a través de la práctica que incluye movimientos suaves, elegantes y al mismo tiempo con fuerza y ritmo. De esta manera nos situamos en el eterno presente al ser conscientes de nuestra respiración, nuestro cuerpo físico, el acompañamiento emocional y actitud mental durante la secuencia.
Por ello, el Tai Chi es una meditación en movimiento al integrar este aspecto de claridad de pensamiento, una actitud relajada y un desvanecimiento de las aflicciones derivadas del egocentrismo. Wang Zong-yue afirma que “El Tai Chi nace del vacío. Genera movimiento y quietud y es la madre del yin y el yang. Si se lo mueve se separa y cuando está quieto se une”.
Con cada movimiento que es sincronizado con la respiración, equilibramos la polaridad energética positiva ‘yang’ con la negativa ‘yin’. La fuerza de yang es así equilibrada con la suavidad yin, notando que un exceso de alguno de los dos crearía un desequilibrio de tensión y laxitud respectivamente. Y lo que puede verse en la forma o secuencia, pasa también en nuestra mente.
El arte de fluir en la adversidad
Cuando a partir de una enfermedad o una pérdida, caemos en la resistencia que deriva en culpa y miedo, está habiendo un exceso de yang que se expresa con mayor preocupación, ansiedad e ira. Asimismo, cuando la respuesta se da con un exceso de yin tendemos a dejarnos llevar con la depresión y la falta de sentido de vida. En términos terapéuticos, el Tai Chi ayuda a que las personas equilibren estas polaridades de una manera suave, no confrontativa y saludable. La actitud que tiene el practicante durante la ejecución de la forma o secuencia, empieza a impregnar su percepción de vida y sus acciones. Contiene la firmeza y coraje espiritual del arte marcial, y la suavidad elegante de la sabiduría.
El desarrollo de la elegancia en la forma de vida que promueve el Tai chi es descrito de la siguiente manera: “Vivir con la velocidad del ciervo, la serenidad de la grulla, la paciencia del buey, el valor del tigre y la longevidad de la tortuga.”
La práctica del Tai Chi
La armonización energética que es el resultado de la práctica del Tai Chi, está ligada a la manera en que respiramos conscientemente y acompañamos con el cuerpo. En la guía del estilo Yang se da la siguiente instrucción sobre la unidad interna y externa: “la mente comanda y el cuerpo es el agente.” Es posible ver cómo personas mayores de setenta años mantienen a su mente activa al recordar una secuencia que va de la forma básica Yang de 24 movimientos hasta más complejas de más de cien, y una fuerza física que se mantiene constante.
En mis quince años como instructor de Tai Chi (y más de veinte como practicante) he podido observar los avances en términos de equilibrio, fuerza y estabilidad en personas mayores de 70 años, lo cual nutre la confianza en ellas mismas con cada sesión de práctica. Asimismo, el ser testigo de cómo una persona con mucho dolor del alma puede ir suavizando su corazón a la par de los movimientos es una muestra de cómo la unidad mente-cuerpo es algo presente y al alcance de todos nosotros. Como fue el caso de una persona que cambió su postura física de abatimiento y letargo a una de confianza y fuerza, impregnando su vida de una nuevo sentido y entusiasmo a partir de la práctica diligente.
Tai Chi para cualquier estado físico
Una de las grandes ventajas es que las prácticas internas pueden adaptarse a las capacidades físicas del practicante. Por ejemplo, una persona está en silla de ruedas puede practicar movimientos de Tai Chi y Qi Gong sin problema ya que hay secuencias de movimientos de brazos sin necesidad de mover sus extremidades inferiores, así como ejercicios respiratorios de manejo del Qi.
Asimismo, para quienes necesitan ayuda de un profesional para moverse, pueden practicar juntos uno de los movimientos básicos y que favorecen la estabilidad llamado ‘elevar agua’. Este movimiento consiste en:
- inhalar de manera lenta y profunda, al tiempo que vamos levantando nuestros brazos hacia el frente con las palmas de las manos hacia abajo hasta llegar a la altura de los hombros;
- después, flexionamos los codos dejando que se hundan suavemente y acercando nuestras manos hacia el pecho, para después dejar que caigan lentamente los brazos exhalando lentamente durante todo el descenso.
- Para volver a inhalar y repetir el proceso.
Cabe recordar que la inhalación es de polaridad yang y la exhalación de polaridad yin, lo cual invita a la mente a mantener equilibrio entre la expansión y la contracción del cuerpo.
En el caso de no tener movilidad en nuestros brazos de manera autónoma, el cuidador puede ayudarnos a levantar los brazos, acercarlos y acompañar en su descenso recordándonos el orden de la respiración.
Fluir de la mente con Tai Chi
En términos psicológicos, he encontrado un efecto positivo en el fortalecimiento del autoestima espiritual a partir de tres actitudes que nos enseña el Tai Chi: esquivar, bloquear y avanzar.
- Esquivar una situación es cuando algo no nos concierne ni debemos intervenir así que sólo dejamos pasar;
- el bloquear es no tomar una actitud o situación de manera personal, es decir, notamos lo que sucede sin incorporarlo como indignación ni ira;
- finalmente avanzar es expresar la fuerza con confianza y fe sin ser llevados por el deseo o el peso de las expectativas.
De no aplicar estos tres movimientos mentales básicos, la saturación energética se da y es cuando no vemos con claridad lo que nos sucede y, por lo tanto, no podemos responder asertivamente: queremos avanzar cuando se requiere esquivar o bloquear cuando se requiere avanzar.
Empezamos anotar que si la mente está bien entrenada, los movimientos con espontáneamente ligeros y ágiles (es decir, elegantes). Los patrones del Tai Chi Chuan son movimientos de lo “aparente” y lo “real”, de abrir y cerrar. Abrir no sólo significa extender manos y piernas, sino la expansión de la mente y la voluntad; y cerrar no sólo significa replegar las manos y piernas, sino que la mente y la voluntad se repliegan, es decir, se concentran.
Si lo interno y lo externo logran unirse en un chi o cuerpo de energía, significa que en el cosmos no hay separación. Y, al no haber separación, notamos lo que la totalidad de la Vida yace en nosotros y se expande en todas direcciones en el eterno presente. Lao Tsé afirmó:
El Camino del Cielo
Es saber sin combatir,
Responder sin hablar,
Atraer sin llamar,
Actuar sin agitarse,
Transformar la fuerza física en energía mental,
Las pasiones en ideal,
Y la materia en Espíritu.
- Lao Tsé, Tao Te Ching, c.73

Dr. Alejandro Chávez-Segura
Doctor en Filosofía (PhD) y Teología. Terapeuta Transpersonal.
Certificado en Mindfulness.
Director del Instituto Karuna de Atención Integral.
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